La masacre de Glencoe

En el valle de Glencoe, en las Tierras Altas de Escocia, tuvo lugar una matanza durante la época del jacobismo allá por el año 1692.
En total, 38 miembros del clan MacDonald de Glencoe fueron asesinados y más de 40 mujeres y niños murieron a la intemperie huyendo después que sus hogares fueran quemados.

El rey Guillermo III percibía como una amenaza los clanes escoceses que sospechaba pretendían restaurar a Jacobo II al trono de Inglaterra y de Escocia.
Para que no hubiera ninguna duda de sus lealtades se pidió a los jefes de las Tierras Altas tomar juramento ante el juez antes del 1 de enero de 1692.

Alasdair MacIain, jefe del clan McDonalds de Glencoe, retrasó tomar el juramento hasta el 31 de diciembre de 1691 en Fort William. Ya había hecho juramento de lealtad a favor de Jacobo II y tuvieron que esperar que él les comunicase que eran libres para romper ese juramento.
Se le informó que debía dirigirse a Inverrary donde había un juez pero el viaje duró tres días debido al clima invernal y a que fue detenido en el Castillo Barcaldine.
Sir Colin Campbell, juez de Argyll estaba pasando el Año Nuevo con su familia por lo que MacIain se vio obligado a esperar otros tres días y el juramento se tomó el 6 de enero de 1692, 6 días después de la fecha estipulada.

Mientras MacIain estaba satisfecho de haber realizado el juramento requerido y, por tanto, no esperaba ninguna acción en contra suya o de su gente, el clan Campbell de Glenlyon con más de un centenar de hombres armados, vieron una oportunidad para vengarse por antiguas rencillas de vecindad.

120 hombres pidieron refugio, se valieron de la hospitalidad de los McDonalds y mataron hombres, mujeres y niños sin demostrar ninguna misericordia.
Los que lograron escapar murieron de hambre y frío al no poder resistir las bajas temperaturas del crudo invierno en las Tierras Altas.


En el verano de 1695 el Parlamento de Escocia llevó a cabo una investigación sobre la masacre nombrando a aquellos a los que consideraba responsables.
El rey destituyó a su consejero Sir John Dalrymple (le había persuadido al rey a que castigara a los MacDonald de manera ejemplar y le convenció para que los escribanos de Edimburgo no dieran fe del juramento y por tanto le quitaba toda validez) y acusó de alta traición al resto de los conspiradores pero finalmente no fueron llevados a juicio.
No hubo justicia para los McDonalds.


Desde 1883 se alza una cruz celta en un montículo situado en el extremo oriental de la aldea de Glencoe como monumento a los asesinados.